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HISTORIAS DE GREATFIRE (CAPÍTULO 2)

No podía centrarse en el examen, no ahora, ¿qué acababa de pasar? ¿Qué hacía aquella niña en un lugar como ese? Tal vez era… Sacudió la cabeza con fuerza. Su imaginación, sería su imaginación jugándole una mala pasada.
Bajó la mirada y se intentó centrar en su examen.
Media hora después ya lo había terminado. Entregó el papel con la mano temblorosa. Media hora después y aún seguía temblando, eso no podía ser a causa de su desbordante imaginación. Decidió esperar a Cloud fuera.
-Voy al baño –dijo al pasar por la mesa de su mejor amigo.
Cogió sus cosas del suelo y fue directo a los baños del final de pasillo. Eran las doce del mediodía, así que los que no estaban en el examen estaban en clase.
Empujó la puerta del baño con violencia. Se inclinó sobre la pila y miró su reflejo en el sucio espejo del baño.
El cabello pelirrojo estaba enmarañado, su tez completamente pálida, unas ojeras se habían alojado debajo de sus ojos color carbón. Con un suspiro se inclinó, abriendo el grifo, necesitaba mojarse un poco la cara. Estaba alterado por nada, seguro. Intentaba auto convencerse sin mucho éxito.
La puerta del baño de los chicos se abrió de golpe. El preocupado rostro de Cloud se dejó entrever bajo el umbral.
-¿Tan mal te ha ido el examen?  -su voz tenía un deje de diversión, pero su voz no reflejaba lo oculto en sus ojos, en su rostro, en el hecho de que seguía tras la puerta y no había entrado con su amigo- a ver, a mi la pregunta siete también me ha desconcertado un poco…
-¡No tiene nada que ver con el maldito examen, Cloud! –Eros hiperventilaba. Se había puesto de mal humor con su mejor amigo sin razón alguna. Cloud cerró la puerta tras de sí cuando entró al baño, sabía que algo le estaba pasando a su amigo- he visto algo ahí fuera, Cloud, en la masía de los Greatfire, había un… -fantasma. Quiso decir fantasma, pero no le salía la palabra. La garganta se le había hecho un nudo, le dolía respirar. Intentó tragar saliva para deshacerse de él, pero fue inútil. El chico de los cabellos azules lo observó unos momentos. Sacó un paquete de cigarrillos de su chaqueta de cuero negro.
-¿Un fantasma? –Preguntó a la par que encendía el cigarrillo con su mechero de metal y daba una suave calada- sí, hay rumores de que la casa se quemó con gente dentro –la mirada de Cloud se tornó oscura- ¿Por qué crees que se llama “Greatfire”, cabezahueca? –Soltó todo el humo que había estado reteniendo en los pulmones- dicen que eran una familia adinerada, los señores Greatfire salieron y dejaron a sus hijos a cargo de la sirvienta, quien, en un ataque de locura prendió fuego a la casa. Muchos dicen que los gritos de la señora Greatfire llegaron hasta Ravenwood, pero no queda nadie con vida que conozca la historia, pregunté a mis abuelos, pero dijeron que ya estaba así cuando nacieron, ni la biblioteca. Ni siquiera wikipedia –se apoyó sobre la pila del baño.
Eros había olvidado por un momento que a Cluod le gustaba investigar los casos sobrenaturales que asolaban Daltonhall. “Es lo que tiene ser hijo del inspector de policía” solía decir.
-¿Has mirado en los informes de tu padre? –inquirió entonces él, con la mirada llena de ilusión. Después de haber escuchado la historia sobre la masía Greatfire le habían entrado ganas de investigar, y también, de ver al fantasma.
Su amigo lo miró como si acabara de decir que le pegasen fuego al instituto.
-¿Crees que no lo he hecho ya? Y nada. He mirado todo lo relacionado con ellos, es como si nunca hubiera pasado… Mi padre siempre dice que uno tiene que ser lo suficientemente valiente o lo suficientemente estúpido como para entrar allí. Pero, ¿sabes qué? –Dejó escapar el humo del cigarro por la nariz- yo soy lo suficientemente valiente.
Eros sonrió de lado.
-Y yo lo suficientemente estúpido.
Los dos chicos se miraron con una sonrisa.
-Por eso eres mi mejor amigo –dijo Cloud, tirando el resto del cigarrillo a la pila- entonces vamos, no quiero aguantar dos horas de filosofía escuchando al colgado del profesor hablando de gilipolleces –levantó un dedo en dirección a su amigo- se que a ti te encanta, pero debes admitir que está colgado.
-Está tan colgado como tú, amigo mío –se puso la mochila sobre uno de sus hombros. Pasó por delante de él y se dirigió a la salida- no perdamos más tiempo, quiero ir directo a la tumba.
-¿Quién es ahora el colgado? –Comentó Cloud, con una amplia sonrisa caminando detrás de su amigo-.

Y así, los dos amigos se dirigieron a la salida, en busca de respuestas a unas preguntas demasiado difíciles, a punto de descubrir la verdad, preparados para ver algo que nadie en su sano juicio podría soportar.

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Llegaron a la masía de Greatfire mucho más pronto de lo que se pensaban. Estaba a poca distancia de su instituto, por lo tanto esperaron en los límites de la masía a que sonara el timbre que daba por finalizada la jornada escolar. -No entiendo muy bien porqué no entramos ya -fue lo que dijo Cloud nada más llegar, pasado un dedo por la polvorienta cinta de seguridad que puso la policía años atrás.  Al parecer, por lo que le había contado el chico a Eros, hace años un grupo de jóvenes decidieron entrar la noche de Halloween, pero ninguno salió. Eso asustó a Eros, pero quiso seguir hacia delante. -No entramos aún porque desde las ventanas de aquella parte del edificio se tienen unas espectaculares vistas de la masía, es preferible que esperemos hasta que acaben las clases, por si alguien nos ve -respondió el muchacho. Los dos compañeros estuvieron de acuerdo y cuando sonó el timbre, se pusieron en marcha. Dejaron las mochilas tras la línea de seguridad, bajo el frondoso árbol...

LA ESCALERA

RELATO CORTO ………………………………………………………………………………………………………………………........ Denan jamás había pensado en la muerte, en el suicidio, si había cielo o infierno, pero, si lo habían, él iría al infierno, estaba seguro. Pensaba todo eso mientras sostenía una copa de brandy con hielo. Estaba en su despacho, sentado tras la enorme mesa de madera, en el segundo piso. Solo, en completa oscuridad, entre aquellas cuatro paredes, llenas de humedad, con el papel de las paredes roído y a medio caer, recordando todo aquello que había hecho en el pasado, todo aquello que le atormentó durante años. A fuera llovía. Las gotas frías resbalaban silenciosamente por el cristal del oxidado ventanal. El chirriante viento se colaba por la ventana que tenía tras él. Denan observó el revolver que tenía delante de él. Recordó todas aquellas personas que había asesinado con el arma. Todas aquellas que había matado. Doce contó Denan. Todas las noches veía sus rostros cuando se acostaba en su cama, estaban arriba, en ...